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Inteligencia Humana: ¿desarrollar la genialidad nos da más valor en la sociedad?

El equilibrio entre la genética, el entorno y nuestros hábitos es la base para desarrollar nuestra genialidad. Pero el factor determinante para la trascendencia del genio es el tamaño de sus sueños y el propósito que le dé a sus acciones. Siendo eso el real valor del individuo en la sociedad.

Contados son los ejemplos de polímatas que han contribuido de manera significativa a la historia del humano. Sus conocimientos, habilidades y la combinación de los alcances tecnológicos de la época dieron lugar a la innovación. Todos poseemos el potencial, pero entre la gran masa de mentes y cuerpos ¿qué criterios definen al ente o entes del cambio y evolución? ¿Será la casualidad de vivir en el lugar y tiempo adecuado? ¿O la decisión de satisfacer deseos materiales? ¿Tal vez un propósito que va más allá de esta realidad, es decir, trascendencia? Las oportunidades existen, el éxito dependerá tanto del nivel de desarrollo individual y colectivo como el aprovechamiento de ellas.

No todos tuvieron el privilegio de acceder a una economía lo suficientemente sólida para mantener o impulsar su genialidad. Sin embargo la historia es escrita por la mayoría de estos individuos que explotan sus capacidades y participan en la construcción social, ya sea para bien o para mal. Por pequeño que parezca, cualquier suceso repercute en diversa medida en la vida de cada uno de nosotros, nos compete que el desarrollo del medio en el que vivimos sea para bien. Si cada individuo explotara de manera positiva su genialidad, la sociedad avanzaría armónicamente hacia un objetivo común.

Según Howard Gardner la inteligencia es una red de procesos interrelacionados que dependen de: la biología (genética/herencia), de factores personales (salud/alimentación) y del medio (contexto social/ambiental). Como en todo proceso, existe un impulso que activa su inicio. Conforme se propaga el impulso, la inteligencia es potenciada por el contexto externo e interno; necesidades, vivencias, decisiones, experiencias… ahora ¿en qué punto comenzamos a desarrollarnos consciente, plenamente y con un propósito fijo? ¿Cuál es el estímulo que nos llevará a desplegar nuestro potencial?

Si observamos a detalle nos encontraremos con personas que sobrepasan el promedio. Muchos de estos destacan en áreas específicas, desarrollándolas y llevándolos a ser, según la vox populi, los mejores o únicos.

Poco a poco una idea con un propósito bien definido y buenas intenciones, va creciendo hasta volverse lo suficientemente grande para invadir la mente de un gran numero de personas. Esa gran masa, físicamente hablando, trabaja en torno a un objetivo común llevando la idea a otro nivel. Aportar a la sociedad dando lo mejor de nosotros mismos es lo que llevamos en nuestro código genético como especie. Con buenos hábitos, intenciones sinceras y la mejor actitud aspiraremos a una utopía de consciencia colectiva.

Una vez creadas y manifestadas las intenciones correctas en tu persona, mientras sigas en evolución de tu perspectiva, más grande puede llegar a ser tu propósito y con el la recompensa. Solo necesitas las herramientas en perfecto equilibrio y su obtención requiere TRABAJO.

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