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Sereno Moderno | Adiós Mixup, me quedo con internet

Lo raro de la caída del Mixup culichi es que no haya ocurrido antes, si el CD lleva ya sus años de auténtica agonía. A estas alturas es probable que sólo una ciudad metropolitana cuente con la cantidad suficiente de consumidores para que una tienda de música en formato físico resista unos cuantos años más, antes de que el streaming y las tiendas digitales terminen por comerse todo el pastel. En Culiacán, mejor darle vuelta a la página.

Todavía recuerdo la llegada de Mixup  a esta ciudad, en el prehistórico 2003. Venía en el paquete de tiendas que se sentían como una especie de boleto hacia la modernidad, en un centro comercial como nunca antes se había visto por acá. La plaza Forum abría sus puertas para dejarnos conocer por primera vez una cadena nacional de tiendas de música, poseedora de todo el material que, de otra forma, era casi imposible de conseguir. Buenas noticias para la plebada melómana de entonces, que durante el internet pre-Spotify sólo podía comprar discos o recurrir a los servicios P2P, donde algún usuario desconocido podía hacerte creer que Red Red Wine era una canción de Bob Marley o bien colarte un virus a la compu para que supieras de tener malos días.

Más se antojaba recorrer los pasillos del Mixup en busca del disco que escucharías en tu habitación, luego de haberlo sometido al ritual de arrancarle la envoltura de celofán, abrir la caja y oler el librito. Olor a nuevo, si es que ha existido tal cosa. Una generación de adictos a la música y a la tontería que le rodeaba. Nos sentimos críticos de arte a base de ver puras portadas. Convertimos el recorrido en culto. Te veo en el Mixup era mantra. Tu cita con esa persona especial, que también disfrutaba de la música, no estaba completa si no iban a la tienda para ver cómo le brillaban los ojos al hablar de sus artistas favoritos.

Ese Mixup coincidió con el fenómeno del garage indie de los primeros dosmiles, y puso a nuestro alcance todos los Strokes, White Stripes y Libertines que las disqueras multinacionales cobijaron. Era cosa de ver el video en MTV o Telehit (eran años de ver la tele), ir a la tienda y encontrar el disco que le correspondía. Y por escuchar sólo una canción podía uno terminar comprándose todo el disco, con el riesgo de llevarse una profunda decepción. No todos los días se tenían 200 pesos para gastar en plástico. Una vez topé a un conocido, muy sonriente a la salida del Mixup, con el primero de Maroon 5 en sus manos. Una apuesta seria, por mucha felicidad que el amigo expresara.

La tienda estuvo además durante el auge del emo, surtiendo a toda una juventud melancólica que se dejaba ver en busca del nuevo de My Chemical Romance. Estuvo ahí también, llenando de punk y metal extremo incontables pedas de banqueta pobladas de melenas y camisetas negras. Cuántos gritos y guitarras con distorsión se habrán colado por los equipos de audio en el Culiacán de hace 15 años. Cuánta gente se animó, por otro lado, a llevar alguna de esas rarezas de rock urbano que el sello Denver nos puso en frente. Hasta entonces, nuestro único referente para ese rock blueseado chilango era El Tri. Si acaso el Haragán, y párale de contar. Toda esa tradición nos fue más bien ajena por acá en el noroeste, y topar esas fotos de Heavy Nopal e Interpuesto en la tienda causaba cuando menos extrañeza. 

Era cosa del consumismo, pero los espacios producen una nostalgia poderosa. Ante todo el Mixup tenía que ser negocio y como tal, había que cerrarlo en cuanto dejara de serlo. Es un mundo frío. Hace más de diez años dejé de comprar CD’s, y otros tantos sin tener un DVD. Las últimas veces que visité la tienda fue por matar la curiosidad. Qué tanto habría cambiado. Encontré que la sección de libros era más grande. También se veía que seguían apostándole a los videojuegos. Alguien compartió en Facebook tal vez la última foto de la tienda en funciones. Llovieron más de mil comentarios, de tanta gente que siente relación con ese lugar. Será que ahora estamos conscientes de lo que se va. A lo mejor nunca nos detuvimos a pensar cuando cerraron el Fichas Center o la Pizzerola Disco. Sólo íbamos con el tiempo. El presente ha de estar difícil para el negocio, si hoy hasta la USB con música que venden en la gasolinera nos puede sacar de un apuro. 

Este septiembre de 2019 la bestia rugió por última vez, el ruido metálico de la cortina que cubre la entrada del Mixup cerró el lugar para siempre. O hasta que pongan otra cosa. Por lo pronto el espacio permanece cubierto por una enorme y fría pared de tablaroca. Un cuadrote blanco que parece un error en la Matrix bloquea el horizonte. Desconcierta a la primera. Hey, aquí había algo. A fin de cuentas, un cambio más a cuestas.

Foto: Heb Martinez

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