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¿Qué tal un poco de cariño para el Festival de Rock?

La raza nomás no se resignaba a ver la decadencia de un emblema de la cultura local como ha sido el Festival de Rock Sinaloa. Por eso formaron un comité ciudadano y se ofrecieron a echar una mano al Instituto Sinaloense de Cultura en la organización. Ayuda voluntaria y por puro amor al rocanrol. Porque todavía se acordaban de esa época dorada en que el festival representaba el escenario más importante para la música alternativa en la región, y estaban dispuestos a hacer lo necesario para preservarlo.

Y no era cualquier festival. Hablamos de un evento probablemente único en su tipo. Gratuita la entrada, financiado con recursos públicos, centrado en la participación de los grupos locales y tan viejo como el Vive Latino. Un escenario codiciado, el de mayor convocatoria en el año para todo el estado. Y aunque tampoco garantizara un pase al éxito, las bandas se peleaban por tocar ahí. Era lo que tenía presentarse en términos profesionales, con un sonido decente y junto a grupos nacionales (a veces internacionales) en una ciudad donde el rock históricamente había existido a duras penas, a contracorriente.

Después de sobrevivir cambios de gobierno, recortes de presupuesto y dificultades varias en la organización, el festival llegó a 2019 de la mano de este comité de rockeros, músicos en su mayoría, que desde enero mantenían actividades para preparar la edición actual del evento. Fue hasta el 15 de noviembre, tan sólo una semana antes de iniciar el festival, cuando el comité decidió públicamente deslindarse de todo lo que hasta el momento, parecía una serie de fallas e irregularidades que podía terminar en la cancelación del mismo.

Desde su gestación, el Festival de Rock Sinaloa fue una iniciativa ciudadana que el instituto de cultura aceptó llevar a cabo y mantuvo, no sin altibajos, durante veinte años. El esquema de colaboración con el actual comité se conformó en 2017, y bastaron dos años para que la puerca torciera el rabo. Más allá de las razones específicas que los miembros del comité enlistaron al momento de separarse del instituto, lo que salió a la luz fue la clásica barrera entre gobierno y ciudadanía que impide trabajar en conjunto. Incluso si suponemos que todo fue un malentendido entre las dos partes, se nota que alguien no hacía bien su trabajo. O la comunicación fue ineficiente o, si nos da por pensar mal, el comité estaba siendo ignorado olímpicamente. 

Porque a una semana del evento, los miembros del comité no tenían por qué no saber si el festival seguía en pie. Y no lo sabían. Lo supieron como todo mundo, un día antes de la fecha de inicio, cuando el instituto anunció de manera oficial el cartel, con horarios y sedes, a pesar de que ya se había filtrado la información. Está rara la situación, pero lo importante es que el festival sí se arma. Y qué bueno, porque si algo le urge a esta ciudad, después de aquel 17 de octubre, es mostrar alternativas culturales a su juventud. Aportar ese granito para que alguien tenga más ganas de agarrar un instrumento musical que una pistola. Un morro bien aconsejado vale toda la inversión. 

Y que la organización se ponga las pilas, ahora que el director del instituto aseguró que no descarta volver a colaborar con un comité ciudadano (este u otro que venga), urge otro tanto. A veces surge la pregunta, si valdrá la pena aferrarse después de tantos años, o dejar el asunto por la paz. Pero ante las condiciones actuales en el estado, lo cierto es que el Festival de Rock Sinaloa no deja de ser pertinente. Que este año tenga a Genitallica como plato fuerte ya es otra cosa. 

Checa AQUÍ la rueda el comunicado del Comité Ciudadano sobre la situación del Festival de Rock Sinaloa 2019.

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